Seleccionar página
El nuevo ciclo del pensamiento empresarial

El nuevo ciclo del pensamiento empresarial


 

«La realidad es aquello que cuando dejas de creer en ello, no desaparece»

Philip K. Dick

 

Desde su creación, el pensamiento empresarial se ha centrado en sostener ratios de efectividad cada vez mayores haciendo evolucionar los sistemas de gestión y control productivo durante los últimos 150 años. Si ampliamos el zoom sobre la Historia, entenderemos el contexto previo sobre el que se asienta el desarrollo del pensamiento empresarial. Vamos allá.

Tras la derrota de Napoleón en 1815 y el inmediato fin del mercantilismo, comenzó a configurarse el actual mapa socioeconómico global. El mundo anglosajón victorioso cobra entonces protagonismo mundial y principia un largo proceso de globalización y extensión de un nuevo modelo económico global que hoy conocemos como capitalismo. Siguiendo la estela de la revolución económica holandesa del siglo XVII, en 1820 el PIB per cápita europeo duplicaba ya al del resto del mundo, y emergían entonces las todavía hoy naciones ricas occidentales sobre 7 fundamentos de los que ando escribiendo justo ahora mismo:

🏛️ Implantación progresiva de la democracia liberal y el Estado de Derecho como modelos político y jurídico que favorecen -sin conseguirla de forma plena- la libertad y la igualdad ante la ley

🚂 Desarrollo de infraestructuras nacionales avanzadas: Rompen las barreras de comunicación geográficas

🛠️ Innovación tecnológia de gran alcance e ingeniería puntera: Reduce tiempos de fabricación y transporte

🏫 Educación de calidad para grandes masas de población: Se configura un ascensor social inédito en la Historia y comienza a crearse una nueva clase media

🚚 Dominio y administración de las rutas logísticas: Se movilizan los recursos mundiales de forma coordinada

🪙 Sistema bancario solvente y dinámico capaz de financiar el mito del progreso: Se retroalimentan el préstamo y la deuda de manera virtuosa

🏢 Sistemas intensivos de organización industrial: Aumentan la eficacia productiva y favorecen la economía de escala dando acceso masivo a bienes y servicios

Sobre el último de estos 7 fundamentos nace el pensamiento empresarial. Abastece a las entonces nacientes estructuras productivas (industrias, empresas) de un modelo teórico y comprensible fácil de asimilar por una nueva clase social que viene de la mano de la burguesía: la clase ejecutiva. Los nuevos propietarios privados deciden tras el primer tercio del siglo XX ceder la gestión de sus negocios a una figura inédita hasta entonces: los profesionales de la dirección empresarial. Con el tiempo la teoría empresarial se llena de herramientas y recursos útiles para esta nueva clase ejecutiva, y nacen las grandes escuelas de negocio al calor de las sucesivas olas de trasnformación empresarial.

Durante décadas el pensamiento empresarial evoluciona desde los grandes monopolios nacionales y los sistemas mecánicos fordistas a los modelos de innovación continua y los negocios franquiciados, viviendo etapas progresivas de intensificación, externalización e implantación tecnológica. En su última etapa -la actual- defiendo -junto a tantos otros colegas- que el pensamiento empresarial comienza a presentar serias señales de agotamiento: discursos vacíos disociados de la realidad social, parafernalia conceptual infumable, pantomima continua, endogamia, ausencia de fundamentos morales básicos y por último, pero no menos importante, falta de foco y aceleración desmedida.

Las empresas evolucionan también de la mano de este pensamiento empresarial pasando de ser grandes benefactoras sociales a nivel local y multinacional que favorecen y sustentan el Estado de Bienestar, a empresas transnacionales obsesionadas con el recorte de costes que parasitan y precarizan las sociedades sobre las que proyectan su actividad. De la mano del deterioro empresarial que vivimos, los estados están comenzando a convertirse en grandes succionadores de bienestar abandonando su papel de redistribuidores de la riqueza. Ambas fuerzas sociales, la privada y la pública, están logrando adelgazar la clase media de las sociedades desarrolladas empobreciendo tejidos sociales mediamente compensados que había costado siglos levantar. Ni qué decir tiene que buena parte de este creciente colapso social fundado en la falta de acceso a una vivienda digna, a un empleo estable y un modo de vida sostenible (productivo y reproductivo), está relacionada con el deterioro sostenido en el tiempo de las instituciones educativas de masas (uno de los 7 factores fundamentales señalados en el listado), y la pérdida de arraigo, sentido del esfuerzo y sentido tras los devastadores efectos de la posmodernidad filosófica y política.

En este contexto, llevo años impulsando junto a decisores empresariales la necesidad imperiosa de dar por cerrado este último ciclo empresarial muy vinculado a la policrisis (Adam Tooze) y el autoritarismo competitivo (Levitsky y Way), para trabajar activamente en promocionar un nuevo ciclo empresarial responsable y consciente. Este nuevo ciclo empresarial estaría fundado en tratar de evitar el ascenso inercial de un nuevo mercantilismo tecnofeudal, mediante la recuperación de valores empresariales sociales que la humanidad abrazó en el pasado reciente, e igualmente por medio de una redistribución de la riqueza efectiva que permita dejar de tensionar las democracias que ya viven una clara tendencia polarizante en eso que Paul Krugman ha llamado la K-Economy: el dinero aumenta para los ricos y desciende para la clase media produciéndose un desacople micro-macro: aumentan los PIB nacionales a base de empobrecer a sus propias poblaciones.

El nuevo ciclo del pensamiento empresarial debe ser ambicioso y debe pivotar sobre 3 principios esenciales:

  • Honestidad empresarial centrada en la competitividad y la generación de negocio y la conversión de nuevas ideas en productos/servicios, y no tanto en un obsesivo recorte y ahorro de costes empobrecedor y precarizante
  • Recuperación de la relación directamente proporcional entre talento/esfuerzo/mérito y remuneración económica: Hace más de 20 años que los salarios han dejado de equipararse a los trabajos en un proceso social autodestructivo que amenaza con romper nuestras sociedades avanzadas
  • Triple responsabilidad de negocio sobre el impacto de las actividades empresariales en empleados, proveedores y clientes: Aunque resulta imposible mantener un modelo de negocio sin que uno de estos tres ejes se vea resentido, es importante favorecer empresas que no vivan a costa de los tejidos sociales y comunitarios sobre los que se proyectan

En este nuevo ciclo empresarial, las empresas privadas -de la mano de los estados nacionales y las estructuras supranacionales emergentes- deben ocupar y gobernar los enormes espacios de desgobierno global en los que el vacío de poder es evidente y lleva décadas generando consecuencias catastróficas: energía, medio ambiente, migraciones, pandemias, finanzas, tecnologíua, conflictos, océanos, contrabando,…)

Este nuevo ciclo -a mi modo de ver- debe abandonar su afán de obsolescencia periódica y asumir como propia una actitud de lealtad hacia lo continuo y eterno, es decir, necesita lograr escapar de la novolatría y las revelaciones proféticas de sucesivos gurús, y comenzar a dignificarse y ennoblecerse mediante la práctica de un liderazgo empresarial sensato, consecuente y efectivo, generador de bienestar y no acelerador de malestar continuo. Mi propuesta personal -una de tantas de las que se abrirán paso en este nuevo ciclo- consiste en ilustrar el pensamiento empresarial, favorecer minorías dirigentes ilustradas capaces de ser grandes empresarios para sus sociedades o grandes hombres de estado para sus ciudadanos.

Uno de los grandes retos de este nuevo ciclo empresarial es curarnos de las diferentes enfermedades morales que han propiciado tanto la posmodernidad ideológica (populismo de izquierdas y de derechas, y filosofías victimistas e identitarias) como el orden neoliberal global (la oscura concentración de poder privado que evita las dinámicas virtuosas de la regulación y la competencia). El reto es enorme e implica prepararse para un 2050 en el que más de 9 mil millones de personas distribuidas asimétricamente por el mundo aumentarán y modificarán por completo la interdependencia global.

Emergen ante este nuevo tiempo renovadas nostalgias alrededor de instituciones sociales históricas a las que muy de seguro debemos escuchar.

Permítame, lector o lectora, concluir con un maravilloso poema del maestro William Wordsworth que cumple ya más de 200 años:

«Aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.

Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos,
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.

En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre;
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la muerte.

Gracias al corazón humano
por el cual vivimos;
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.»

William Wordsworth, 1807
 

***

Si lo que has leído te ha gustado, te invito a conocer la Carta de Sevicios de acompañamiento al cambio de vorpalina.

Y te invito a unirte -bien al programa o por módulos- a la ilusionante edición 2026 de TRAINING DAYS Academy  Está centrada en 3 objetivos: Entender tu época, Honrar tu cultura, y Facilitar un cambio responsable.

Échale un vistazo, amigo/a. Te va a gustar.

 

Sistémica empresarial: roles y actitudes

Sistémica empresarial: roles y actitudes


 

«Tuve el valor de hacerme las preguntas esenciales y salí limpio de la prueba»
maestro Julio Cortázar

 
 
Este breve artículo viene a completar reflexiones anteriores respecto al cambio como disciplina y profesión. Hoy me centraré en reflexionar sobre el papel que cada uno de nosotros puede jugar dentro de un sistema. Tomaré el mundo empresarial como objeto de estudio y hablaré de 5 actitudes que definen la manera en la que las personas se posicionan con respecto a un sistema dado.

A efectos de formular un principio de entendimiento común, en el contexto de los sistemas humanos consideraremos SISTEMA al conjunto de asunciones básicas, creencias, normas, dinámicas, mecanismos y procesos que mantienen o permiten determinado comportamiento social funcional, esto es, orientado a un fin o unos resultados.

Trabajaremos con el siguiente gráfico de creación propia como mapa referencial:


 

En el gráfico podemos ver 2 áreas de comportamiento diferenciadas:

SISTÉMICA EMPRESARIAL RESPONSIVA: La que tiene el fondo verde es definida, está limitada por una frontera clara y precisa que marca lo que está dentro y lo que está fuera. Representa el comportamiento sistémico que adoptan la inmensa mayoría de personas como forma lógica y legítima de ganarse la vida y prosperar. Es una sistémica empresarial basada en la provisión de certezas, una ficción de seguridad tranquilizadora y una constante dinámica de premio que ofrece una serie de recompensas tangibles a todas aquellas personas que están dentro del sistema, es decir, que comparten y defienden sus ideas, participan directa y activamente de su funcionamiento, y contribuyen de forma operativa a la consecución de resultados. Esta sistémica empresarial responsiva, se mantiene viva en la medida en la que se dan dos factores de mantenimiento esenciales: 1) Será más sólida cuanto mayor sea el número de actores que dependen de su funcionamiento (INERCIA SISTÉMICA), 2) Será menos permeable o modificable en la medida en la que la red de interdependencias generada sea más compleja y tupida (SEGURIDAD SISTÉMICA). Es importante notar que los sistemas se modifican -y no necesariamente cambian su motivación y finalidad originales- adoptando sucesivas actualizaciones que en el gráfico se representan como Actualización (n.0). Una actualización de un sistema es una adaptación de lo que siempre ha sido con la intención de influir o transformar en la realidad cambiante a la que sirve o le rodea.

DISIDENCIA EMPRESARIAL PROPOSITIVA: Por oposición a la anterior área de comportamiento, ésta es indefinida y no tiene límites claros, por lo que podríamos definirla como un área difusa. Los actores que operan en este área lo hacen fuera del sistema hegemónico, por lo que el propio sistema tiende de manera implícita y explícita, consciente o inconsciente a castigar o penalizar cualquiera de los comportamientos que se dan aquí. Existe pues un riesgo evidente y continuo, palpable y notable para aquellas personas que desde fuera del sistema pretenden cambiarlo. Ese riesgo puede materializarse en una actitud de rechazo directo o indirecto del sistema respecto a cualquiera de las proposiciones de cambio que se formulen.
 

Además de estas 2 grandes áreas de comportamiento, vemos 5 comportamientos sistémicos. Yo invito al lector a que a medida que va leyendo la taxonomía de actitudes sistémicas ponga cara a personas de su entorno en el sistema del que participa. Cada comportamiento se da en «n» personas o «n» veces en una actualización de sistema dada. Es importante recordar que todos los roles enunciados a continuación son necesarios para el funcionamiento del sistema, todos prestan un servicio útil, si bien en función de los reguladores éticos de cada sistema, unos perfiles son a menudo más honrados o mejor tratados por el sistema que otros:

CONTRIBUCIÓN ACRÍTICA: Son personas que ven, oyen y callan. Resistencia total al cambio hasta que no quede más remedio, siendo fieles a la curva de adopción de innovaciones. Se limitan a beneficiarse del sistema manteniéndolo vivo con su contribución pero sin ninguna intención ni compromiso de mejorarlo. Aunque parezca paradójico, son las personas a las que siempre premiará más el sistema porque representan la base sobre la que se sostiene su arquitectura de creencias y asunciones. El obediente y sumiso es tanto más útil para un sistema empresarial dado cuanto más grande es, tal y como hemos visto. Este comportamiento ni siquiera se diferencia en color del sistema, porque directamente es el sistema en su coherencia conductual.

GATOPARDISMO: Este comportamiento hace referencia a la famosa novela de Lampedusa en la que el personaje de Tancredi declara a su tío Fabrizio una máxima que define la picaresca sistémica: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie». Precisamente esta es la finalidad y realidad de los gatopardismos en el mundo empresarial. Grandes piruetas, fanfarrias, fuegos artificiales, metodologías, programas de cambio, planes estratégicos, rebrandings, transformaciones tecnológicas supuestamente disruptivas,… todo ello representa en la práctica la esencia del gatopardismo empresarial. Que todo cambie a simple vista para que todo siga exactamente igual. Aunque la intención del gatopardista -tanto interno-empleado como externo-proveedor del sistema- es aparentar grandes dosis de innovación, en la práctica es un limpiador de conciencias empresarial que aporta sensación de movimiento a un sistema profundamente estático en sus fundamentos y dinámicas. En el gráfico este comportamiento tampoco se diferencia del sistema porque es también puro sistema pero desde la incoherencia conductual. Tengo decenas de ejemplos de compañeros que activamente colaboran en el gatopardismo empresarial y sin ningún pudor diría que la mayoría de directores de innovación y estrategia que he conocido durante estas décadas son gatopardistas altamente sofisticados.

CONFRONTACIÓN: Ante un sistema dado la más dura y cruda posición es la confrontación. Personas que viven continuamente confrontando y se dan de bruces -tal y como se observa en el gráfico- con una resistencia empresarial contumaz que solo deja permear de muy cuando en cuando algunos inputs. Son auténticos revolucionarios que viven en el precipicio de la fricción, que soportan estoicamente los envites del sistema y mantienen altos niveles de desgaste y frustración ante una complejidad sistémica creciente que rechaza las alternativas. Tengo igualmente ejemplos en el mundo del cambio empresarial de personas que parecen nacidas para vivir en este continuo sufrimiento. Solo ellas pueden llamarse verdaderamente rebeldes porque se rebelan contra algo que consideran inapropiado o injusto y pretenden cambiarlo. Solo ellas se han ganado el derecho a ser respetadas como rebeldes dentro del marco propositivo -aunque el adjetivo se aplique hoy a gatopardistas de todo tipo- porque solo ellas son castigadas por el sistema de forma absolutamente dura y ejemplar.

AISLAMIENTO: Siempre queda la opción de retirarse, la elección de dar la espalda al sistema, salirse de él y diseñar una vida que necesite la mínima interacción con la inercia colectiva dominante. Las personas que adoptan esta actitud con respecto al sistema -para a menudo tratar de crear otro nuevo- viven aisladas o en su defecto tratan de crear un modelo de relaciones al margen del sistema que conviva con él para lo que sea esencialmente necesario y nada más. Aunque podríamos considerar en esta actitud a las personas que crean comunidades alternativas o modelos de relación paralelos de forma proactiva y constructiva, también pertenecen a este comportamiento todas las personas desengañadas que bien porque no necesitan nada del sistema o bien porque el sistema ya no les exige dar nada, se permiten vivir al margen de él, algo que sería un lujo para los contribuidores acríticos.

CUESTIONAMIENTO: El cambio razonable de todo sistema viene del cuestionamiento. Cuestionar es ante todo atacar directamente a las certezas, negar que una creencia que se daba por cierta lo sea. Cuestionar es plantear diálogo, permanecer -como se observa en el gráfico- con un pie dentro y otro fuera del sistema para ser capaz de aportar ideas y planteamientos que resuelvan problemáticas que fueron generadas dentro del sistema. Por contraposición a la confrontación, este comportamiento es conciliador, realista y pragmático. No pretende grandes revoluciones sino reflexiones poderosas que inviten a una toma de decisiones sensata, valiente y abierta. Cuestionador y confrontador comparten ambos una misma ética de vida: viven a partir de sus convicciones y son fieles a lo que consideran correcto, con la salvedad de que el confrontador a menudo pierde su vida ante el altar de sus razones.

Algo que resulta lógico pero que se suele olvidar y recuerdo a menudo en las sesiones: Da igual lo que seas, lo que te veas obligado a ser en un momento de tu vida, o lo que te haga saber que eres uno de estos roles. Puedes ser el que quieras, pero lo que no tiene ningún sentido y es profundamente amoral es que pretendas ser lo que no eres y que el resto te lo compremos. Seas el rol que seas, si te avergüenzas de ello, trata de cambiar a otro; y si estás cómodo en él, sigue con él, pero -insisto- pase lo que pase no vayas de lo que no eres. Porque se nota. Y mucho.

Los roles arquetípicos de cada uno de estos comportamientos parecen claros: El contribuidor acrítico es un secretario del sistema, el gatopardista es el político que lo defiende, el confrontador es el soldado que lo combate, el aislado es el ermitaño que huye de él, y el que cuestiona el sistema es el filósofo, el hacedor de nuevas realidades que no necesita adular o menospreciar la que ya es. El cuestionador tiene un compromiso con la realidad y a la vez un compromiso con la mejora de esa realidad. Cuestionando las certezas demuestra su lealtad.

Espero que hayas disfrutado la lectura. Gracias por tu tiempo.

 

***

Consulta nuestro catálogo de servicios de acompañamiento al cambio o solicita más información a david.criado@vorpalina.com

LA 5ª EDICIÓN ONLINE DE TRAINING DAYS ESTÁ YA EN MARCHA.

Echa un vistazo al dossier y disfruta de alguno de sus módulos o solicita plaza para la siguiente edición completa.

***

Dignificar el lenguaje en el mundo empresarial

Dignificar el lenguaje en el mundo empresarial


 

«Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar»

maestro Amos Oz, Contra el fanatismo

 

Una de las consecuencias directas del proceso patológico de aceleración vital de nuestras sociedades es la devaluación del lenguaje. No solo consumimos productos y servicios, sino también métodos, ideas, estados de ánimo, aspiraciones y… PALABRAS. Cómo y cuándo hemos llegado al actual zoológico de papagayos empresariales que pueblan los espacios laborales de comunicación y decisión crítica. De esto quiero hablar hoy. Muchos foros y canales de comunicación vinculados al mundo profesional (congresos sectoriales, conferencias, entrevistas, el propio linkedin,…) son un genial ejemplo antropológico del actual agotamiento de significados y sentidos. Depreciamos la riqueza que nos regalan las palabras antes incluso de poder rentabilizar el potencial que atesoran.

Este artículo tendrá 3 apartados:

  • El actual camino hacia el abismo expresivo en las empresas
  • Las razones para la devaluación del lenguaje en las empresas
  • Cómo dignificar el lenguaje en las empresas

Comenzamos.

 

EL ACTUAL CAMINO HACIA EL ABISMO EXPRESIVO EN LAS EMPRESAS

La madurez o decadencia de una civilización se mide en buena medida por su lenta o nula velocidad de desgaste semántico. Cuanto menos tiempo dura un significado (porque se agota o pasa a ser un lugar común o una commodity), más decadente es la cultura en la que se asienta ese universo referencial y lingüístico. Lo contrario a esta obsolescencia acelerada del lenguaje son las ideas de legado y tradición. Pienso por ejemplo en el empleo evocador y vinculante, altamente sugestivo y propiciador de pensamiento, que han tenido durante más de 20 siglos las culturas que se asentaron sobre el lenguaje griego y el latino. Palabras, máximas y etimologías que vinculaban la experiencia humana a lo radical (de raíz u origen) y lo telúrico (de tierra o pragmatismo), lenguajes cuyo uso implicaba un proceso de instrucción vital de la persona, una educación referencial que suponía una sólida base y estructura con las que acometer la belleza cruda y liminal del mundo. Palabras dotadas de sentido cuya evolución de uso propiciaba nuevas realidades, transformaba escenarios compartidos. Todo un legado que aunaba ficción y realidad con la intención de promover sentidos.

Por oposición a este legado milenario fundado en la sabiduría de quienes se sienten mortales (el in ictu oculi del vanitas barroco) y se saben humildes (el γνῶθι σεαυτόν del oráculo de Delfos), encontramos el actual proceso de adulteración empresarial del lenguaje. Palabras vacías que por repetidas una y otra vez no solo no aumentan su valor sino que lo pierden por completo, nos generan rechazo o -peor aún- indiferencia. El mundo empresarial hegemónico de la actualidad -esa falaz forma de deshonrar el noble comercio- favorece de forma activa -así lo vivo a diario- estas dinámicas de vaciamiento de sentido, actúa como multiplicador de la devaluación del lenguaje. Palabras como PROPÓSITO, TRANSFORMACIÓN o FACILITACIÓN son usadas a diario de manera completamente superficial y anodina, desde una pose puramente estética. Todo ello representa una involución palpable y evidente para quienes desean hablar de forma consecuente y con un mínimo sentido de responsabilidad semántica.

 

LAS RAZONES DE LA DEVALUACIÓN DEL LENGUAJE EN EL MUNDO EMPRESARIAL

Este paso del lenguaje habilitante y transformador -que nace del sentido etimológico y crece en su sentido social dotándonos de horizonte y contenido- a un lenguaje puramente performativo y vacío -que nos desposee de significado y nos avoca al zumbido- hace un tremendo daño a cualquier intento significativo de cambio o mejora.

Precisamente por este motivo, uno de los primeros objetivos de todo proceso consciente de cambio empresarial consiste en dotar a las palabras de sentido, resignificarlas a partir de cierta ética de la coherencia entre las palabras y los actos. Y para poder lograrlo es necesario entender las causas de este desgaste lingüístico en el entorno empresarial. Aquí ofrezco las que a mi parecer son principales:

El proceso de obsolescencia lingüística del mundo empresarial está íntimamente ligado a la escandalosa fiebre por la reducción del Time-To-Market y el ansioso culto por lo nuevo. La novolatría posmoderna exige victimas propiciatorias ante un altar sacrificial de ideas y conceptos que mueren a una velocidad cada vez mayor como peaje necesario del progreso. Este sacrificio ritual que genera campañas periódicas y banales de conceptos redentores, necesita a su vez de palabras que se repitan una y otra vez hasta que pierdan su sentido dentro de la lógica de rendimiento ilimitado que promueve nuestra incompleta idea de consumo.

Los dilatados y continuos procesos modernos de hiperespecialización laboral han generado dedicaciones profesionales huecas que necesitan relleno, algo así como enormes continentes vacíos que se llenan de forma compulsiva de gramáticas, sintagmas y epítetos con los que parecer que se hace algo. Este largo camino hacia la nada pervierte el cometido del lenguaje haciendo que pase de ser un medio para la comunicación efectiva a un instrumento para la comunicación efectista. Puro cartón-piedra. Si en la dicción y la expresión verbal antigua los fines jamás justificaban los medios, en el uso actual del lenguaje cualquier medio (palabra o concepto) vale para el fin de existir desde la perspectiva posmoderna (esto es, aparentar que se es o se hace, en lugar de ser o hacer)

La ausencia habitual de pensamiento crítico en las estructuras y comportamientos empresariales, la mayoría de los cuales están orientados a contribuir a la aceleración de la inercia o crear aceleraciones nuevas- demandan discursos autorreferenciales que se nutren muy bien de la resonancia estéril que acaban teniendo las palabras vacías. Éstas se acaban convirtiendo en lugares comunes o fórmulas fraseológicas -frases hechas- cuya utilización por parte del comunicador genera cierto status quo. Se trata de la estupidez sublimada hasta la ostentación oratoria.

Existe además una tendencia muy marcada en el mundo empresarial actual hacia la grandilocuencia. La metáfora que se me viene a la cabeza es la de un enorme rascacielos completamente diáfano y sostenido sobre palillos. El problema es que cuanto más hinchado está el supuesto propósito de una empresa o su meta, menos probable o posible es su coherencia. Ante esta paradoja, el establishment opto por habitar el mundo de las ideas y desasistir de auxilio o de socorro al mundo de las realidades. Esta actitud esencialista aumenta el creciente divorcio entre el discurso y la lógica empresarial, y la realidad cotidiana de la gente. Y cuanto más esencialista es un discurso, más repetitivo resulta, y en consecuencia menos caudal léxico sostiene. La ingente riqueza del lenguaje se ve asediada por un reduccionismo empresarial expresivo que tratando de ser elitista o selecto, acaba por ser insustancial y frívolo. De este modo las diferentes variedades del lenguaje -que a nivel sociolingüístico siempre fueron un elemento de diferenciación funcional (variedades diafásicas o registros expresivos), sociocultural (variedades diastráticas o niveles lingüísticos), geográfico (variedades diatópicas o dialectales) e incluso histórico (variedades diacrónicas o epocales), quedan todas ellas reducidas a un mero compendio de palabras que uno repite como un papagallo en una conferencia, una reunión o ante una junta de accionistas.

Por último, el proceso de vulgarización de la función directiva está contribuyendo enormemente a la devaluación del lenguaje en el ámbito empresarial. Trataré de explicarlo empezando por aportar contexto. Vivimos la época histórica de la tardomodernidad o posmodernidad si se prefiere. Es el triunfo absoluto de la modernidad en la manera en la que nos relacionamos y comportamos unos con otros. Un triunfo que apunta a la inminente declaración de su cénit que antecede a la caída. Y la modernidad, o si se prefiere el progreso, es ante todo 4 cosas íntimamente relacionadas: individualidad romántica (idealismo desaforado y sin freno, ya sea de Flaubert o de Hollywood), dignidad universal (ética cosmopolita), identidad cultural (ya sea a través de un estado-nación, un nuevo victimismo o la millonésima ideología) y triunfo de la vulgaridad (acceso a una mejor cantidad de oportunidades reduciendo la calidad de las mismas). En este último punto me centro…

Dado que el discurso empresarial ha estado íntimamente orientado al managerialismo desde que hace casi 100 años los dueños de las empresas comenzaran a confiar sus propiedades (negocios) a directores expertos (managers), el acceso a puestos de liderazgo empresarial se ha facilitado enormemente. Añadido a esto, el ya mencionado proceso de hiperespecialización profesional, ha generado -con la connivencia de universidades y escuelas de negocios- perfiles especializados en hacer cumplir órdenes o, en su defecto, en lograr que las personas las cumplan sin necesidad de darlas. A medida que se ha ido vulgarizando el acceso a los puestos de liderazgo, cualquier atisbo de educación cultural elevada ha ido dejando de ser un requisito necesario para liderar negocios y personas, pero sin embargo ha permanecido la necesidad de aparentar que se sabe o se es educado. Y para ello nada mejor que una colección reducida de palabras que van cambiando y mutando según las circunstancias. En la conquista de las élites sociales de control y de mando por parte de la cultura de masas (un proceso bien descrito de Le Bon, Canetti u Ortega entre tantos otros) el lenguaje vendría a ser una estrategia de enmascaramiento efectiva de una ignorancia cultural militante. De este modo un auténtico zote, un mero cazurro, un absoluto idiota (en su significado más griego) puede subirse a un escenario y repetir por activa y por pasiva un conjunto de palabras útiles para parecer exquisito. Bajo este prisma, el lenguaje que siempre fue un medio de representación simbólico y expresión de lo sabido, se estaría transformando ahora en un medio de ocultación elocuente y expresión de lo desconocido.

 

CÓMO DIGNIFICAR EL LENGUAJE EN LAS EMPRESAS

Hay un camino largo para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu disciplina y esfuerzo. Se llama educación intelectual, parte de la adquisición y el contraste de conocimiento, y es una forma de instrucción con perspectiva. Por mucho que uno quiera aparentar estar al día usando el vocabulario más actual o novedoso que imagine, toda persona que accede a la élite social del liderazgo de negocios y personas debe saber que la ignorancia se nota, sobre todo por parte de las personas que no la tienen. Esto quiere decir que -tal y como rezaba el Panchatantra hace miles de años- un jefe de facciones no necesariamente ha de ser un sabio, pero sí le resulta extremadamente útil ser y estar educado. Y esto no significa picotear informaciones -esto no es diferencial porque lo hace todo el mundo- sino más bien construir de forma ordenada un edificio intelectual, sentimental y espiritual que te dote de perspectiva, criterio y contexto. En otras palabras, en un mundo totalmente sumido en la desorientación continua y el ruido, lo diferencial es estar orientado y tener capacidad de foco. La consecuencia natural de este esfuerzo a largo plazo es la adquisición de una habilidad expresiva y lingüística tentadora y cristalina.

Hay un camino medio para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu completa atención y compromiso. Se llama pensamiento crítico, parte de la desconexión o el cuestionamiento continuo de la cultura de masas, y es una forma eficiente de innovación. La clave de esta vía reside no tanto en tratar de estar continuamente conectando con lo nuevo o de moda, como con el compromiso de conectar en cada nuevo reto con lo que siempre funciona o pertenece a la sabiduría perenne. Es, expresado de un modo muy simple, dejar de adorar a Steve Jobs o el último profeta de la IA, y conectar con el mensaje habilitante de grandes maestros de nuestra humanidad. Qué se yo… un Jesús de Nazaret, un Sócrates o un Buda, por ir a alguno de los grandes maestros radicales de todo cuanto somos.

Y por último hay un camino corto para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu sentido de la dignidad propia y tu respeto hacia el mérito ajeno. Se llama «callarte cuando no tienes ni puta idea de lo que hablas» y parte de la idea de saberte lo suficientemente grande para hablar de algo que sabes y lo suficientemente pequeño para callar cuando no sabes de algo. Esto, claro está, choca de lleno con las jodidas cantinelas sobre los neurotransmisores, la última gran profecía del cuadrante Gartner, la publicación cuñado de linkedin o las innumerables certezas que nos arrojan los millones de solucionadores mesiánicos que se multiplican en nuestras sociedades actuales. Por extensión, ayuda mucho a este camino corto de contención e inteligencia, saber escuchar a quienes aportan y aprender a distinguir -con la experiencia- el grano de la paja.

Me encantaría decir que estos tres caminos puedes recorrerse de forma independiente, pero están genuinamente relacionados y a menudo no es posible recorrer el uno sin el otro. Hablamos en definitiva de bajarse de la carrera de la rata, dejar la rueda del hamster, detener la aceleración y el ruido empresarial para hacer que la inteligencia comunicativa en las empresas deje de estar en sede vacante. Habemus papam.

Espero que hayas disfrutado la lectura.
Gracias por tu tiempo.
 

***

Consulta nuestro catálogo de servicios de acompañamiento al cambio o solicita más información a david.criado@vorpalina.com

LA 5ª EDICIÓN ONLINE DE TRAINING DAYS ESTÁ YA EN MARCHA.

Echa un vistazo al dossier y disfruta de alguno de sus módulos o solicita plaza para la siguiente edición completa.

***

Las 2 éticas de obtención de beneficios

Las 2 éticas de obtención de beneficios


 

«La aceleración de la información-movimiento genera como efecto
poner todo el inconsciente humano fuera de nosotros como entorno,
creando así lo que parece ser un mundo loco se mire por donde ser mire»

maestro Marshal McLuhan, 1967

 
 
Aunque muchos de mis compañeros de vocación creen que el verdadero problema del pensamiento empresarial es su obsesión exclusiva por la generación de beneficios económicos, personalmente creo que si no existiera esta obsesión no podríamos disfrutar de la mayor parte de comodidades actuales. Creo que el problema está en otro lado. No tanto en querer ganar riqueza material (algo que veo fantástico) sino en cómo ha evolucionado durante las últimas décadas la manera en la que queremos ganarlo. En otras palabras, la ética de la obtención del beneficio ha cambiado.

A la hora de establecer una foto del modelo de provisión de beneficios que tiene una empresa siempre distingo entre 2 tipos de culturas:

Empresas con mentalidad de abundancia que se mueven por dinámicas generativas de valor. Son organizaciones que generan beneficios a través del mantenimiento, diversificación o aumento de su valor (sana facturación, riqueza distribuida, posicionamiento dinámico, etc…) y que mantienen una gestión proporcional de sus ingresos en relación a sus gastos y sus costes. Su foco de preocupación es la rentabilidad del negocio desde el punto de vista del valor generado. Hablo aquí de empresas que viven de sí mismas, no contra sí mismas, fomentando una cultura virtuosa de trabajo y negocio. Suelen ser sitios en los que da gusto estar.

Empresas con mentalidad de escasez que se mueven por dinámicas restrictivas de coste. Organizaciones que generan beneficios desde planteamientos de suma cero a partir de exprimir de manera incremental su modelo de relaciones y recursos (trabajadores, proveedores y/o clientes) por medio de estrategias sacrificiales de presión, cicatería o ahogamiento que afectan primero a los gastos y luego siempre acaba atacando a los costes. Hablo de empresas que viven contra sí mismas, fomentando una continua batalla entre fuerzas orientada en exclusiva a hacer más dando cada vez menos. Suelen ser sitios en los que es horrible trabajar.

Ambos tipos de mentalidades de provisión de riqueza obtienen beneficios, pero lo determinante es desde dónde y cómo los obtienen. La manera en la que practicamos el comercio y entendemos el trabajo es la clave para entender la diferencia entre estas dos lógicas: la primera es generativa a largo plazo, y la segunda es profundamente destructiva incluso a inmediato y corto plazo.

En mi estudio sobre la historia del pensamiento empresarial he detectado claramente varios hitos clave en el deterioro de la mentalidad de abundancia y en el paso gradual hacia una mentalidad de la escasez que lleva varias décadas atentando contra nuestro bienestar social y contra la salud de un sistema socioeconómico sostenido en la actualidad gracias al proceso de pauperización continuo y a sucesivos infartos y golpes de efecto dramáticos.

Durante las últimas 2 décadas mi experiencia es que el sistema socioeconómico global ha evolucionado a nivel mercantil, legislativo y de negocio para castigar a las empresas con mentalidad de abundancia y premiar a las empresas con mentalidad de escasez. De este modo la mayoría de empresas que consideramos financieramente exitosas hoy en día se están convirtiendo -con nuestra colaboración- en enormes parásitos que exprimen las estructuras sociales y crecen contra los propios intereses de las sociedades que les proporcionan beneficios.

Esta dinámica empresarial de la gestión de la miseria ha sustituido a la dinámica empresarial de la gestión de la abundancia que trato de honrar cada día. Pongo algunos ejemplos que se derivan de mi experiencia con clientes:

Sostengo que la inmensa mayoría de las empresas en el contexto actual no pueden crecer de forma exponencial sin convertirse en una empresa con mentalidad de escasez y a la larga en una empresa parasitaria. Si bien en la historia originaria del pensamiento empresarial, las empresas crecían gracias a su éxito y asunción de riesgos (empresas ambiciosas), en la actualidad tienden a crecer gracias a su evitación del fracaso y su omisión de riesgos (empresas conservadoras). Por medio del progreso divorcio histórico entre propiedad del negocio y gestión del negocio, y gracias a la demanda de retornos de inversión cada vez más ajustados, las empresas muchas veces se ven obligadas a crecer contra sí mismas, esto es, contra el valor y/o la identidad que les otorgó su éxito.

En lo tocante al comportamiento organizacional, lleva varias décadas siendo frecuente el fomento de la competitividad entre departamentos para ver quién da más dinero con menos recursos, lo que favorece una guerra fratricida continua entre talentos en una carrera de la rata por destacar contra otros y no en colaboración con ellos. La guerra extrema por el recorte de costes está comenzando a resultar cómica en el interior de las organizaciones. Se da el caso de empleados que tienen dificultades para reservar salas de reunión o puestos de trabajo en sus propias oficinas, porque las empresas han implementado un sistema de aumento de la eficiencia en el uso de las oficinas que implica estar continuamente buscándose la vida para poder trabajar. Dinámicas similares se dan en el uso de otros recursos.

Las guerras de precio y tiempos que se dan en sectores como el logístico o el de reparto y distribución de mercancías, así como en el transporte, están muy ligadas a esta gestión de la escasez en la que entre la satisfacción del cliente final y la del propietario del negocio, pocos interlocutores ubicados en medio de esa cadena de valor se encuentran satisfechos o al menos desde hace años han aprendido a conformarse con estar medianamente insatisfechos.

Lo anterior nos lleva a un punto clave en el giro hacia la gestión de la escasez en nuestras sociedades: el hecho -para mí ya evidente a tenor de mi estudio y experiencia- de que las empresas con mentalidad de abundancia favorecen una batalla por la riqueza que da lugar a una riqueza social sistémica, proporcionada y equitativa; y las empresas con mentalidad de escasez favorecen una batalla por la riqueza que da lugar a la expansión de la pobreza social sistémica, no proporcional y desigual.

¿Hay alternativas a la actual inercia empresarial? Defiendo que sí. Cada día amanezco para trabajar por ellas.

 

***

Consulta también nuestro catálogo de servicios de acompañamiento al cambio o solicita más información a david.criado@vorpalina.com

LA 5ª EDICIÓN ONLINE DE TRAINING DAYS ESTÁ YA EN MARCHA.

Échale un vistazo al dossier y disfruta de alguno de sus módulos.

***

La verdad sobre la formación y la consultoría

La verdad sobre la formación y la consultoría

 

«En primer lugar examiné a los hombres,
y llegué a la conclusión de que en esta infinita
diversidad de leyes y costumbres,
no estaban regidos únicamente por sus fantasías»

maestro Charles Louis de Secondat,
barón de la Bréde y de Montesquie,
D l´esprit des lois (1748)

 

El presente texto aborda uno de los dolores más incisivos de nuestra época y que simplemente esbocé en un artículo anterior titulado Radiografía de nuestro tiempo. En este artículo trataré de exponer más detalladamente por qué considero que la práctica mayoría de los servicios de consultoría y formación actuales son completamente acríticos, inútiles y superficiales. Representan en mi experiencia una clara aceleración de la inercia autodestructiva de una sociedad enferma.

Dado que encuentro a menudo a personas que quieren justificar lo injustificable, he decidido hacer el esfuerzo de poner en negro sobre blanco mis ideas. Mi objetivo es doble: poner sobre la mesa el problema acuciante de la frecuente falsedad y mediocridad del profesional de consultoría y/o formación, y tratar de arrojar alternativas viables para superar dicho problema. Hablaré desde la experiencia de más de 20 años de trabajo en más de 14 sectores de mercado, tanto en gran consultoría por cuenta ajena como en consultoría artesana por cuenta propia, y a partir de continuas vivencias, conversaciones y realidades que veo a diario. Tengo mucha tela que cortar y trataré de ser ordenado y sintético a la hora de exponer las ideas esenciales.

Este artículo tendrá los siguientes apartados:

  • El enfoque equivocado de la consultoría
  • La dinámica perversa de la consultoría
  • La falacia de la formación convencional
  • Alternativas reales a esta mierda

Comenzamos.

 

EL ENFOQUE EQUIVOCADO DE LA CONSULTORÍA

La consultoría es tal y como se practica hoy en día la respiración asistida del sistema. En concreto, de un sistema que comienza a ser autodestructivo y afecta a nuestra estabilidad social en muchos sentidos: sanitario, sociológico, económico y ambiental. Resumiendo, cada vez estamos más fundidos y los castillos de naipes caen continuamente. Por contra el mercado actual de los servicios de consultoría en el mundo se sitúa anualmente entre los 700 y los 900 mil millones de euros. Lo que suele hacer el mundo de la consultoría tradicional -lo se por propia experiencia- es parchear los males, las crisis y los dolores del sistema económico mundial en el que estamos inmersos. Los consultores son, por lo general, profesionales de las tiritas atendiendo tumores graves. Y se han vuelto tan necesarios para el funcionamiento de las empresas e instituciones públicas que se han convertido en una auténtica pandemia que en la mayoría de los casos deberíamos combatir.

Tal y como recientemente han tratado de denunciar algunas personas, el sector de la consultoría continúa en aumento a ritmos a menudo 7 veces superiores a los de algunas economías a las que prestan servicio. Hablamos pues de una burbuja inmensa. Veo necesario recordar que la consultoría convencional la engrosan grandes empresas de servicios pero también medianas y pequeñas empresas que repiten una y otra vez las dinámicas perversas de aquellas y que parten de las mismas 4 premisas erróneas:
 

  1. Toda realidad es predecible y lineal de modo que todo problema puede resolverse de forma simple y aislada de acuerdo a la lógica siguiente: Veo un síntoma, me focalizo en atender ese síntoma, alivio o neutralizo el síntoma y me voy. La ciencia médica nos ha enseñado que lo que hay que atender es la enfermedad o el dolor en su conjunto desde la detección combinada de los síntomas, de modo que este enfoque -que practican la práctica totalidad de consultoras que conozco- es sobradamente erróneo y no suele resolver nada. El hecho de centrarme en necesidades puntuales y no atender contextos completos hace que la actividad de la consultoría consiste a menudo en mantener enfermedad latentes parcheando y tapando las diferentes grietas mientras la estructura no cambia, se deteriora o pervierte. La manera en la que este modo de comprensión de los servicios entiende al buen consultor es la siguiente: un profesional es un buen consultor cuanto más predecible y dócil sea para su empleador (empresa consultora) y su contratante (cliente).
  2.  

  3. La realidad se transforma por medio de mi voluntad y mis ideas de modo que no es tan importante lo que yo tengo que escuchar en mis clientes sino lo que puedo cascarles de la enorme paja mental que me he creado llamada catálogo de productos y servicios. En otras palabras, mi trabajo como consultor es vender las cosas que traigo y no comprender y atender las realidades a las que soporto y asisto. Todo lo demás me da exactamente igual. Este idealismo militante, esta suerte de religiosidad rayana en lo totalitario caracteriza los servicios de consultoría presentes en toda organización, y se puede visibilizar bien en forma de metodologías doctrinales, libros, corpus teóricos, presentaciones digitales, intervenciones,… Es un error garrafal que para mí daña enormemente cualquier capacidad real de mejora.
  4.  

  5. El éxito de un servicio de consultoría se mide en términos de ahorro de costes, de suerte que mi trabajo es mejor si lo hago en menos tiempo y si el cliente obtiene mejoras aparentes -aunque no significativas- que le permitan seguir a lo suyo haciendo que todo cambie para que nada cambie en absoluto. Existen consultoría sencillas que no requieren largas intervenciones, son proyectos de corto plazo, pero el verdadero error reside en creer que todo puede reducirse al corto plazo y las acciones quirúrgicas. A menudo los procesos de cambio requieren tiempos largos y exploraciones de la realidad que las consultoras no realizan obsesionados en sus burocracias e hitos absurdos.
  6.  

  7. El cliente siempre tiene razón y yo solo estoy aquí para dársela y aumentar su sesgo de confirmación. Hace tiempo escribí un artículo sobre la tiranía del cliente como paradigma destructivo en el que hablaba de esto, por lo que no desarrollaré aquí mucho más.

 

LA DINÁMICA PERVERSA DE LA CONSULTORÍA

Llevo ya los suficientes años dedicados a esto como para saber cómo funciona la dinámica convencional de la consultoría y la prestación de servicios formativos. El problema es sistémico y está íntimamente relacionado con una comprensión deshonesta y amoral de la prestación de servicios. Vaya por delante que no ha cambiado absolutamente nada en el mundo de la consultoría tradicional durante los últimos 20 años sino que de hecho ha ido a peor. Las mismas prácticas laborales corruptas, precarizantes y extractivas que yo viví en el mundo de la gran consultoría siguen dándose con renovadas formas y canales de explotación de la necesidad del cliente, las condiciones laborales de los trabajadores y la oferta de servicios.

Comparto aquí tan solo algunos retazos en forma de anécdotas sobre lo que digo:

Generar una necesidad en el cliente privado y ser contratado para atenderla: Por lo general la dinámica de la consultoría es completamente transparente para cualquier persona que se haya dedicado a esto y haya tenido algún puesto destacado de responsabilidad o interlocución ejecutiva. Se trata de generar hypes alrededor de conceptos que periódicamente se renuevan gracias a la connivencia absoluta entre 4 actores determinantes:
 

  • Una pedagogía de la adaptación a la inercia por medio de escuelas de negocio acríticas que educan a futuros directivos para contribuir a la inercia sistémica con la colaboración de supuestos referentes nacionales e internacionales en cada una de sus respectivas burbujas,
  •  

  • Una sofisticación cultural artificial y hueca gracias a una industria editorial vergonzosa que imprime y publica libros con discursos simplistas y efectistas que dotan de contenido al mensaje y encumbran como referentes a seres completamente iletrados,
  •  

  • Un altavoz efectivo de dispersión masiva en la forma de una industria endogámica del marketing que amplifica estos discursos convirtiendo en mucho más importantes los medios de difusión que la calidad de las ideas o la coherencia de los contenidos (a través de medios digitales, redacción de textos persuasivos, estrategias de posicionamiento y publicidad spam, falaz y encubierta), y…
  •  

  • Un ecosistema de retroalimentación continua en la forma de foros profesionales ad hoc (charlas de innovación, conferencias, eventos, laboratorios,…) que magnifican conceptos vacíos que nacen y mueren en periodos cada vez más cortos de tiempo. Ejemplo práctico entre miles: Esta misma semana -por no ir más lejos- me comenta un alto directivo de una gran compañía cómo su director de RRHH estaba deseando contratar los servicios de un individuo que se pasea por las tarimas de las conferencias y foros habituales generando su propio hype o burbuja de ideas. El director de RRHH perdía el culo por contratar los servicios de la consultora pequeña que ha creado esta persona y que dice estar especializada en liderazgo y transformación cultural. La realidad: por razones de experiencia y porque todo al final me acaba llegando tras tantos años dedicado a esto, conozco todas las intimidades de esa persona y su empresa y no cuenta con un solo profesionales medianamente capacitado (digo ni uno solo contratado en plantilla de forma directa), de modo que a menudo recurre a personas como yo para abastecer las propuestas de los concursos que gana gracias a generar esa burbuja de ideas. Lo traduzco para que se entienda: esta persona vende humo, practica dumping en los concursos y precariza su profesión ganando mucho dinero. Esta anécdota entre tantas es especialmente dolorosa porque refleja muy bien cómo incluso los propios directivos del cliente se crean todas estas gilipolleces y las compran deseosos. Y así suma y sigue dando pedales a la rueda del hamster.

 
Inventarse profesiones y disciplinas vacías para seguir alimentando la inercia: Durante años también he visto chiringuitos de todo tipo que mutan y adquieren formas rocambolescas. Todos ellos orbitan alrededor de las grandes empresas aunque muchos de ellos prestan servicios a medianas y pequeñas organizaciones tratando de extender al tejido empresarial las mismas prácticas que abundan en el ámbito de las corporates. Estos saraos eventuales no solo continúan hoy en día sino que han ido aumentando sus beneficios: consultoras de marketing digital que viven a base de generar expectativas irreales que nunca cumplen, espacios de coworking que acogen a multinacionales que quieren imprimir un aire cool a la misma mierda de cultura empresarial que defendieron durante toda su vida, supuestas consultoras de transformación cultural son tan solo empresas de formación que diseñan programas de capacitación destinados a beneficiarse de las subvenciones de formación públicas, mercaderes del miedo en forma de expertos en futurología y nuevas disciplinas, limpiadores de conciencia que actúan como «coaches» con los empleados a modo de bálsamo para introducir mecanismos empresariales de explotación laboral encubierta, especialistas en pasear a los empleados una vez al año para repartirse bolazos de goma o pintura o emborracharse en una convivencia, apóstoles del New Age empresarial que defienden estructuras novedosas que nadie es capaz de implantar a ciencia cierta, repartidores de post-its y dibujicos que mantienen a la gente ocupada sin cuestionar lo más esencial o básico de su realidad diaria, caminadores sobre brasas ardientes que empoderan y dan sensación de orgullo a empleados que en su jornada laboral diaria viven agotados y deprimidos, agencias carísimas de conferenciantes que se dedican a explotar durante veinte años una colección de chascarrillos y lugares comunes, profesionales que crean empresas en un «nuevo ámbito de negocio» para venderlas a grandes consultoras que absorben y neutralizan sus ideas, planteamientos y talento…

Amañar concursos públicos e infantilizar la función pública: Durante los primeros años de mi carrera trabajé para grandes y medianas consultoras por cuenta ajena. Entre las prácticas habituales de la consultoría que yo mismo presencié estaba comúnmente aceptado amañar concursos y licitaciones públicas presentando propuestas falsas con empresas pantalla encubiertas. El procedimiento era sencillo. Alguien del sector público fraguaba amistad con alguien del equipo comercial o de ventas de la consultora y le anunciaba exactamente el día en el que el concurso se iba a presentar para que pudiera preparar con tiempo y ventaja su propuesta estrella y otros amigos (generalmente de otras consultoras o como digo de empresas pantalla creadas al efecto) pudieran presentar propuestas menores que por su baja calidad serían rechazadas. La cosa se volvía graciosa cuando -y esto lo viví varias veces- a menudo la mesa de concurso de la administración pública aceptaba una oferta falsa y las consultoras tenían que inventarse un equipo de trabajo y una realidad de servicio que debía responder a una propuesta realizada para no salir adelante. Por extensión, los servicios de consultoría tal y como se contratan suelen reservar las tareas de ideación y resolución de problemas a empresas privadas que acostumbran a los funcionarios públicos a ser meros policías, árbitros o jueces de su trabajo, lo cual genera un sistema distorsionado en el que la dependencia a los consultores aumenta. Hace poco un ministro británico alertaba de ello.

Ejercer una actividad fraudulenta: Durante años se han sucedido los escándalos en las grandes consultoras. La cuota de poder y la capacidad de fraude de las grandes corporaciones prestadoras de servicios asciende cuando adquieren el rol de auditoras. Dado que las entidades estatales y privadas otorgan a las auditoras el marchamo de entidades independientes, a menudo éstas tienen el camino libre para realizar todo tipo de actividades ilícitas o que -cuanto menos- se mueven en el terreno de la amoralidad continua. Muchos organismos públicos reguladores de mercados se han visto obligados a intervenir en determinadas situaciones. Las sanciones se repiten año tras año pero la dinámica sigue siendo la misma. La sensación de impunidad está tan extendida que es frecuente escuchar en las comidas de trabajo con mandos intermedios o directivos que delinquir sale barato.

Vender profesionales inexpertos como si fueran expertos o incluso referentes. Es especialmente sangrante la manera en la que estas empresas engañan a sus clientes con propuestas modélicas que luego son ejecutadas por oompa loompas semiesclavos atados a la mesa. Hablo de juniors y profesionales que se tragan y tienen que lidiar con todo lo que venden auténticos vendemotos de libro.

Evangelizar nuevos adeptos que acaban incorporándose a futuros clientes. Una especialidad altamente desarrollada y practicada por las consultoras es la fabricación de profesionales sin conciencia. Hablo de personas altamente entrenadas en el sacrificio de jornadas maratonianas, que durante años viven la carrera de la rata y -una vez sometidas a la dinámica convencional de la consultoría y sus usos y costumbres de intensificación efectiva- finalmente se incorporan al cliente final. Y ¡Oh sorpresa del destino! cada vez que tienen una necesidad solicitan los servicios de las antiguas consultoras que les dieron la experiencia necesaria para ser incorporados como aristócratas empresariales en la plaza que ocupan en su nuevo hogar corporativo. El ciclo, así, es sencillo: capto a chavales a los que pago una mierda, les hago trabajar todo lo que venden personas más aparentes y experimentadas que ellos, hasta que llega un día en que se convierten en los que venden, para inmediatamente después convertirse en los que nos compran. Un negocio redondo que se lleva por delante la estabilidad de estructuras laborales enteras en favor de la externalización infinita de los servicios. La evangelización es voraz. En varias consultoras yo mismo viví cómo se contrata a chavales en otras regiones más baratas para abaratar costes (lo conocemos como estrategia de offshoring) o cómo se contrata a muchachos de otras regiones y se les facilita que convivan en pisos de la región a la que acuden y en los que en un entorno enfermizo y endogámico acaban hablando de trabajo tras salir precisamente de él. Es lo que llamamos la jornada perpetua. Nunca dejas tu trabajo. La evangelización también se encarga de darte un paquete de bienvenida con mucha tecnología para mantenerte conectado siempre, y establecer carreras laborales en las que asciendes si callas y sigues adelante. Es una estructura de mediocridad acrítica que favorece el seguidismo y la inercia y que cualquiera puede experimentar en la mayoría de consultoras.

 

LA FALACIA DE LA FORMACIÓN CONVENCIONAL

Los servicios de formación son realmente desastrosos. Considero vergonzosas, obsoletas e inútiles 4 realidades evidentes de la formación actual que son muy frecuentes y que tanto contratantes como contratados suelen dar por hecho:
 

  1. El desconocimiento de cómo opera el aprendizaje individual y de grupos que permite que planificadores de formación empresariales y formadores incurran en diseños de formación muy inefectivos y desmotivadores. Hace tiempo hablé de ello en el artículo Cómo diseñar un plan de formación. En lugar de comprender el aprendizaje como un elemento continuo, se entiende reduce todo a cursos puntuales para los que no se libera ninguna carga de trabajo (por lo tanto son vistos como una carga) y a los que se acude generalmente obligado o por compromiso.
  2.  

  3. La mala calidad de los contenidos y el equivocado enfoque debido a formadores iletrados que no realizan ningún esfuerzo por actualizarse, apenas leen y no tienen una formación o experiencia adaptadas a su labor.
  4.  

  5. El aparato burocrático corporativo asociado a la formación que impide un aprovechamiento coherente de la formación para cumplir con las exigencias internas de la empresa o las públicas del organismo que subvenciona. Las grandes corporaciones tienen enfoques formativos desastrosos. Conozco muy bien muchos de ellos y salvo excepciones muy puntuales, no aportan nada a los empleados que permanecen quemados en realidades adversas y estresantes.
  6.  

  7. El continuo cortoplacismo que merma la cultura del esfuerzo y la excelencia gracias a formatos de formación de mierda en modo lowcost (MBAs digitales, cursos/secta aspiracionales, programas meramente promocionales,…) de los que participan tanto las personas que los compran (individuales o empresas) como las entidades precarizantes que los ofrecen.

 
Los continuos electroshock que se infligen a los empleados en forma de cursos, charlas o programas de motivación, no parecen aliviar el sopor gris que provoca ir cada día a aguantar viejas y nuevas gilipolleces en el trabajo. Más allá de los cursos de especialización técnica y prevención de riesgos laborales estrictamente necesarios para el desempeño del trabajo, el enfoque de la formación en habilidades transversales es completamente circense.

Frecuentemente muchos clientes se quedan positivamente sorprendidos por el trabajo que realizo en sus empresas. Al preguntarles por qué la respuesta una y otra vez siempre es la misma: lo que haces no tiene nada que ver con lo que hemos vivido hasta ahora. Recuerdo varios casos flagrantes de clientes que habían contratado a empresas de innovación, formación o servicios supuestamente punteras a un muy elevado coste, y que después de trabajar conmigo quedan gratamente sorprendidos. Esto ocurre porque la mediocridad en la prestación de servicios de formación está muy extendida y de nuevo existe una burbuja evidente. Hablo de que la mayoría de estas empresas nacen para cubrir el expediente, ofrecer cursos efectistas, cumplir con la burocracia de las subvenciones públicas y/o repetir una y otra vez las mismas consignas sin ninguna pretensión de actualización, comprensión o adaptación a la realidad de la gente. Es por tanto enormemente complicado hoy en día dar con un formador que sea bueno. Los compañeros que se dedican a esta profesión y que respeto saben bien de lo que hablo porque siempre sale este tema en nuestras conversaciones.

A modo de resumen de lo que he dicho hasta ahora, un formador al uso podría hacer exactamente lo mismo sin temblarle el pulso ni la vergüenza propia en una empresa de telecomunicaciones y en otra de yogures o tornillos. Es completamente normal que los empleados asocien la formación a una chapa continua de difícil utilidad porque sencillamente es lo que suele ser a menudo. Siendo aún más sinceros, reconozcamos que formadores vocacionales que además sepan de lo que hablan hay de hecho muy pocos. La mayoría de profesionales de formación acaba en ese sector porque no sabe qué hacer con su vida: graduados en bellas artes, humanidades, filósofos o sociólogos reconvertidos que no tienen ninguna experiencia empresarial real, ingenieros que se cansaron de sus trabajos y buscan algo cómodo, o antiguos directivos o fundadores de empresa que dieron uno o dos pelotazos y se dedican a dar consejos que nadie pide y predicar que su excepción es la norma. La mayoría de todos ellos se limitan a ser meros sujetos panfletarios o publicitarios de ideas pertenecientes al pensamiento empresarial hegemónico anglosajón o metodologías cansinas propias que consideran llenas de conceptos milagrosos.

Debido a este estado lamentable de las cosas, a lo largo de mi carrera profesional muchas personas han fusilado y copiado indiscriminadamente ideas y discursos que comparto sin que me haya apenas inmutado. Aunque he tenido episodios dolorosos de pérdidas de confianza y desengaños, siempre he sabido que resulta realmente imposible replicar o copiar en la práctica nada de lo que hago. Es una de las ventajas de prestar un servicio humano basado en la honestidad y la autoexigencia. Los copiadores oyen campanas y reproducen discursos pero ignoran por completo las esencias, y a menudo los clientes no son tontos y lo detectan.

 

ALTERNATIVAS REALES A ESTA MIERDA

Espero que este artículo te haya ayudado, lector o lectora, a identificar los males de la consultoría y la formación. Es difícil navegar con garantías por estas aguas turbulentas, lo se bien, pero al menos espero haberte ayudado a detectar posibles trampas y juegos de efecto.

Me he propuesto ofrecerte alternativas para recibir una educación, formación o capacitación de calidad. Ahí van:
 

  • Lo mejor que puedes hacer es cultivar el amor por la lectura, es algo de lo que hablo a menudo y a lo ayudo a mucha gente. Una educación sentimental ilustrada te aporta ética y fundamentos para favorecer la reflexión, una buena base sobre la que acceder al buen juicio y formar criterio propio. Esto es esencial.
  •  

  • Puedes además acudir a foros donde cuestionar tu pensamiento más allá de las cajas de resonancia de las redes sociales o los círculos de confianza que normalmente frecuentas. Hay una larga lista de fundaciones y asociaciones culturales, tertulias, foros de diálogo que seguramente se encuentren cerca de tu ciudad.
  •  

  • Si eres prestador de servicios de formación o de consultoría hay algunas cosas que te pueden ayudar a saber si la estás cagando como profesional o si prestas un servicio honesto. Sabrás que no lo estás haciendo bien si mides tu éxito en función de indicadores exclusivamente cuantitativos y no prioritariamente éticos; si te dedicas a trabajar agobiado por cosas accesorias y no a estar centrado en lo importante para el cliente y para tí; y por último sabrás igualmente que la estás cagando si cada vez que te preguntas si molestas o incomodas a todo tipo de gente te respondes que NO. Caer bien a todo el mundo no es tu trabajo, tu trabajo es hacer que aprendan a solucionar sus problemas y valerse por sí mismos. Si tampoco logras esto último y solo generas clientes dependientes, míratelo bien, puede que tengas que cambiar de enfoque.
  •  

  • Recomiendo también si eres contratante de servicios entender cómo contratar la ayuda al cambio cultural de tu organización desde el entendimiento de las diferentes disciplinas y profesiones del cambio. Tener esta información antes de iniciar cualquier acción de cambio significativo en tu empresa puede ser determinante.
  •  

  • Programas formativos que sean diferentes. No hay muchos, he de ser sincero. Hace unos días hablaba con una compañera de la dificulta de encontrar alternativas auténticas a este atolladero moral. Personalmente he de recomendar aquello que creé durante años con mucho esfuerzo para salir de este circulo vicioso de la formación convencional. Hablo de TRAINING DAYS, un programa ambicioso inspirado en el afán del conocimiento y el aprendizaje ilustrados que queda lejos y completamente curado de todas estas mierdas.

 
Espero de corazón que este artículo te haya resultado útil. Gracias por tu atención.
 

***

Consulta nuestro catálogo de servicios de acompañamiento al cambio y solicita más información a david.criado@vorpalina.com

Últimos días para matricularte en la 4ª edición online del programa TRAINING DAYS que comienza en Marzo de 2024, una oportunidad única para conformar criterio propio, amueblar tu cabeza y adquirir perspectiva sobre todo lo que importa en esta vida.

***